Cuesta decir adiós cuando todo ha sido perfecto. Cuando estás con la persona con la que estarías en todo momento.
Cuesta decir adiós a quien hizo que se parara el tiempo, que te llenó de besos e hizo de un día cualquiera, un día inolvidable. (Aunque lo haga siempre)
Cuesta decir adiós a las personas que nos llenan los días de colores, aunque vayan a volver más tarde.
Cuesta decir adiós si sabes que no podrías abandonarlos. Si esas personas han calado hondo en tu corazón y son parte de tu vida.
Cuesta decir adiós si no sabes cuándo los volverás a ver.
Cuesta decir adiós a esa persona que nos cambió los planes y que, si se va, todo vuelve a la normalidad. (La odiada normalidad)
Cuesta decir adiós. Simplemente eso. Porque no nos gusta despedir los momentos. Que la vida continúa y nos cuesta seguir después de lo increíble.
Nos cuesta (siempre) decir adiós...
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